En un complejo escenario, Paraguay intenta comprometer a Brasil en hacer una Itaipú de paneles solares

El 31 de diciembre concluirá el preacuerdo firmado en abril de 2024, el que estableció la nueva tarifa de la energía en USD 19,8, la venta libre al mercado brasileño y el aumento de los gastos socioambientales a USD 700 millones. De ahí en más, la tarifa debe corresponder únicamente al costo operativo. Pero el gobierno paraguayo quiere canjear estas medidas con un megaproyecto: la Itaipú de paneles solares.

No es el mejor momento de las relaciones entre el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva y Santiago Peña. El primero resiste las amenazas arancelarias y de sanciones de Estados Unidos, reforzando su participación en el BRICS; el segundo, Peña, se adhirie plena e “incondicionalmente” a los intereses norteamericanos en la región.

Entre esa adscripción abierta, el gobierno de Paraguay ha puesto sobre la mesa de empresas norteamericanas la “energía barata y abundante”.

También la exploración de minerales críticos, esos que hoy son materia prima de las tecnologías de punta.

Los pedidos de energía son masivos, nos ha confiado en más de una ocasión el titular de la ANDE Félix Sosa y sus gerentes. Al igual que los pedidos de exploración de titanio, silicio, uranio y otros minerales. De hecho, el mapa de Paraguay en el portal del Viceministerio de Minas y Energía está lleno de puntos: lugares con pedido de exploración.

Esa energía abundante y barata que Paraguay ha ofrecido principalmente a empresas norteamericanas y aliadas hoy se cuenta en 2000 MW, con serio riesgo de que en 2030, aun con el consumo actual —domiciliario, industrial y criptominero—, se acabe.

Ya como miembro del Escudo de las Américas, Santiago Peña había decretado darle a estas empresas electrointensivas la energía a no más de USD 30 por megavatio, cuando que las criptomineras están pagando USD 44.

Luego de protestas, reacciones de trabajadores, del gremio de ingenieros y la advertencia concreta de que esa era una energía subsidiada, y por lo tanto hipercorrosiva para las finanzas de la ANDE, Peña anuló los decretos y devolvió a la ANDE el poder de fijar la nueva tarifa que, de acuerdo con nuestros informes, estaría muy cerca de esos USD 44.

La liberación de la venta a estas empresas —centros de datos, hidrógeno verde— absorbería rápidamente el excedente energético de Itaipú. Quedaría la de Yacyretá, cuya administración y fijación de tarifas recorre un camino mucho más arbitrario, con acuerdos frágiles, como lo sostiene el ingeniero Pedro Ferreira.

He ahí que Paraguay, de la abundancia y la cesión de su energía a precio muy bajo tanto a Brasil como a Argentina, pasa ahora a buscar con ahínco nuevas formas de generación de energía eléctrica.

Como desde el fisco no existen condiciones necesarias para inversiones multimillonarias —de hecho, la ANDE está ampliando sus redes con deuda externa—, una de las propuestas más aceitadas es la generación de una planta fotovoltaica en el embalse de Itaipú.

De acuerdo con el ingeniero Pedro Domaniczky, en el 10 % de dicho embalse, de unas 137 mil hectáreas, se puede generar todo lo que produce Itaipú.

Actualmente ya está en funcionamiento una planta de una hectárea. Siguen los estudios, nos cuenta. Y lo mejor es que se está formando recurso humano especializado en la generación de energía en paneles solares flotantes.

Flotan en el embalse. Sí, con unos sostenedores.

Esta energía interactúa con la energía de la central y se la utiliza principalmente para abastecer oficinas administrativas de la entidad.

Si bien se sigue probando y estudiando, el plan está en marcha y ya puede ser presentado como propuesta específica a Brasil.

Por el lado de Brasil, el interés —ya hay fuerte presión en ese sentido— es que la tarifa, tal como establece el Anexo C y lo recuerda el Acuerdo de Entendimiento de abril, corresponda única y exclusivamente al costo operativo. Es decir, que no se le cargue nada.

Antes, la carga en dicho costo estaba definida por la deuda, la denominada deuda espuria, que se terminó de pagar en 2023.

Luego – algo que fue planteado como conquista histórica por el gobierno paraguayo-, a la tarifa se le añadió un nuevo costo: los gastos socioambientales, que pasaron de USD 50 millones a USD 700 millones para ambos países. Un total entonces de USD 1.400 millones.

En números, esta cifra es la que bajará sobre la mesa el gobierno paraguayo para avanzar en su propuesta de una Itaipú de energía solar. Ya se sabe la otra propuesta: la instalación de dos turbinas más.

Pero Brasil, en año electoral, viene con los dientes apretados y con una necesidad de bajar la tarifa tal vez no a diez, que es lo que correspondería sin los gastos discrecionales, pero por lo menos a catorce o quince. Y el escenario geopolítico no es de lo mejor. No, a Brasil no le ha gustado para nada, entre otros acuerdos, aquel contrato firmado con Estados Unidos de meter sus militares y contratistas en Paraguay con inmunidad, sin posibilidad de ser enjuiciados. Entre los tantos acuerdos.

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