Para la periodista y docente Susana Oviedo, con la última revolución digital el periodismo dejó de tener el monopolio de la información y pasó a ser uno de los múltiples actores que interactúan en ese entorno. En este tramo, el modo de consumir la noticia “se volvió interactivo, fragmentado, rápido y personalizado”. Advierte un gran riesgo: que el periodismo se convierta en un accesorio del algoritmo y de las respuestas de la Inteligencia Artificial.
Si hay un oficio en el que la revolución digital produjo cambios radicales desde sus inicios, ese es el periodismo. Mucho antes de que esos cambios se hayan vuelto populares, de adaptación masiva, se metieron en el vientre de un ejercicio antiguo, tan antiguo como la misma civilización humana: la comunicación.
Los antiguos maestros de la comunicación, algunos con desbordada pasión, hablaban desde el turú hasta la radio, de la onda corta y larga, de la televisión, de las primeras imágenes mudas en el cine, del fonógrafo, del telégrafo, el vinilo y de la imprenta como grandes y radicales transformaciones de la comunicación de masas.
Esta nueva oleada, con la aparición de las redes y de los motores de búsqueda e Inteligencia Artificial, es estudiada y será estudiada como un gran punto de inflexión en el modo en el que comunicamos, recibimos, compartimos y producimos información y entrenamiento.
Susana Oviedo es una de las personas que desde muy joven vivió las últimas muy significativas transformaciones tecnológicas en el mundo periodístico.
Profesional de diario papel ya en la primera época de la apertura democrática, luego de un régimen militar de 35 años, ella ha vivido y ha defendido, siendo la primera secretaria general del Sindicato de Periodistas del Paraguay (1997-1999), las conquistas en materia de libertad de expresión y de prensa y la profesionalización del periodismo.
Y con la aparición de internet, “la interconexión global, las redes sociales, la crisis del modelo de negocio que sostenía a los medios de comunicación tradicionales”.
Es en este campo en el que la instantaneidad, las redes sociales y la configuración de un ecosistema de comunicación en el que, a su criterio, el periodismo “dejó de tener el monopolio de la información y pasó a ser uno de los múltiples actores que interactúan en ese entorno”.
Recientemente jubilada de Última Hora y de la Universidad Católica, vive el proceso digital con gran interés, adaptándose al ritmo que la redacción y el entorno le van exigiendo.
Ella tiene una memoria de piel de los últimos cambios. Y así los enumera: Primero el correo electrónico, luego el sistema de mensajería instantánea (WhatsApp), la redacción dividida en Impresa o tradicional y la digital a las que demandó tiempo hallar el camino de la convergencia. Después adaptarse al lenguaje de las redes sociales. “Todo esto revolucionó el relacionamiento del periodista con las fuentes y con la audiencia que empezó a cambiar su modo de consumir noticias. Se volvió (el modo) interactivo, fragmentado, rápido y personalizado”, esgrime.
Ella entiende que en los últimos tres años todo se volvió muy acelerado y los cambios y las adaptaciones que venían siendo graduales se precipitaron. Aun cuando siguen sin resolverse temas vinculados con el modelo de negocio, la fidelización de la audiencia y la monetización de los contenidos.
Y que, con la inteligencia artificial, la profesión de periodista “es quizá de las que más urgentemente se está redefiniendo, lo que no salva la enorme incertidumbre generada con respecto al futuro”.
Susana ha lanzado un libro sobre los cambios en el periodismo de investigación. Así que les dejamos con estas últimas respuestas durante la entrevista con El Prisma.
-Del papel, en la investigación documental, ahora con los motores de búsqueda y la IA, ¿qué beneficios y qué riesgos asisten a nuestra profesión hoy?
– Los beneficios son las herramientas que automatizan parte de los pasos que implican colectar datos, ordenarlos, resumirlos, investigar antecedentes y presentar los hallazgos mediante plataformas fantásticas de visualización de datos, que están disponibles sin y con costo. Pero está demostrado que la IA tiene sesgos, alucina, genera respuestas falsas presentadas como reales. El mayor riesgo es que los periodistas tomen como verdad objetiva todo lo que los algoritmos elaboran, construyen, procesan.
Pero también existe el riesgo de que pierdan valores fundamentales de la tarea informativa como la creatividad, la capacidad crítica, el análisis, la construcción del contexto, el estilo personalísimo de escritura que tiene cada periodista, la contrastación de la información con fuentes, la búsqueda denodada de la verdad, la responsabilidad ética y tantos otros esfuerzos que implican el rigor en el periodismo.
-Y entonces, ¿cuáles son los grandes desafíos para los periodistas en esta etapa de múltiples plataformas y readaptación permanente?
– La defensa de la profesión como garante de que lo que se publica es lo que condice con lo que aconteció. Que no se convierta en un oficio accesorio, en esclavo del algoritmo, en correa de transmisión de cualquier contenido que los centros de poder político, tecnológico y económico colocan para sostener sus intereses y dominar a las masas. Y mantenga la centralidad cuando se trata de garantizar la veracidad de la información, la vigilancia del poder y las denuncias sociales. Que los medios de comunicación comprendan el valor de la inversión en formación continua y especialización de los periodistas, ya que hoy la tarea ya no radica en dar la información sino en explicarla.
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