Cuatro caras del periodismo paraguayo que la revolución digital redibujó radicalmente

El día del periodista, recordado ayer 26 de abril, da pie para contar sobre cuatro aspectos de la revolución digital que cambiaron el ejercicio periodístico, los medios tradicionales y la sostenibilidad económica.

Por Arístides Ortiz Duarte

Se puede afirmar que, hasta antes del 2010, la agenda política, económica, cultural y deportiva del país lo marcaban el ruido de las imprentas de los medios impresos alrededor de la media noche escupiendo ejemplares, los tempraneros programas matutinos radiales y los noticieros del mediodía de los canales de televisión abiertos.

La ceremonia de lectores, radioescuchas y televidentes era la de la espera: esperar el diario bajo la puerta, esperar el noticiero de las 12:00 o sintonizar la radio para saber qué pasó “hace instantes”.

Pero la irrupción de la era digital, con sus teléfonos celulares, redes sociales y programas audiovisuales en directo en las redes, hizo que aquella ceremonia se convierta en vértigo, en instantaneidad informativa, lo que resquebrajó los cimientos de los grandes medios de comunicación tradicionales, tal como lo conocíamos.

Hoy, el “cuarto poder” ya no reside exclusivamente en la oficina del jefe de redacción o en el propietario del medio. Hoy está en el bolsillo de cada ciudadano en forma de teléfonos inteligentes, y sobre todo en las sedes de las grandes plataformas tecnológicas como Google, Meta o Tik Tok.

En un intento por resumir la gran transformación que sufrió el periodismo paraguayo en los últimos 20 años, describo a continuación los cinco cambios fundamentales que, para mí, definen esta nueva era de la noticia, la información y el poder de los medios en Paraguay:

1- Periodismo en tiempo real  

El cambio más evidente es la muerte del concepto de “horario de cierre”. Para el periodista de la vieja guardia, el día terminaba cuando la página se enviaba a impresión. Hoy, el cierre es nunca, porque se debe informar las 24 horas de los siete días de la semana.

Medios digitales como ABC Color, Última Hora, La Nación y los pequeños nativos digitales operan en un “ciclo eterno”. Esta inmediatez transformó la redacción en una “central de urgencias”. Si ocurre un accidente en la ruta PY02 o se vota una ley polémica en el Congreso, el ciudadano lo sabe al segundo.

Pero este vértigo noticioso tiene un costo. La rapidez muchas veces atenta contra la pulcritud narrativa y verificación de datos. Ante esto, el desafío del periodista paraguayo actual es no sacrificar la verdad en el altar del clik. Ya no se trata de ser el primero, sino de ser el primero que lo cuenta bien, en un ecosistema donde el error se viraliza con la misma velocidad que la noticia.

2- El Periodista que hace todo

Atrás quedaron los días en que un periodista salía a la calle acompañado únicamente por una libreta de apuntes, una grabadora Sony y, con suerte, un fotógrafo. La era digital parió al periodista que lo debe hacer todo: conducir su auto o tomar un colectivo para ir al lugar de la cobertura, sacar fotos con su celular y escribir por la calle con su portátil o su propio cel la noticia que luego enviara al editor para que lo publique.

El periodista de hoy que cubre un acto oficial del gobierno en Palacio debe ser capaz de transmitir en vivo para Facebook o Instagram, grabar un audio de alta calidad para la web de la radio, escribir una nota breve para el portal y, finalmente, pensar en un análisis profundo para la edición impresa o dominical. Esta convergencia exige el dominio de herramientas que antes eran de nicho: edición de video en el celular, manejo de métricas y gestión de redes sociales. Es un trabajo que sobreexplota al periodista.

Esta situación genera un debate sobre la precarización y la carga laboral. El Sindicato de Periodistas del Paraguay (SPP) ha puesto el foco en cómo esta “multifunción” a menudo no se traduce en mejores salarios, sino en una mayor presión laboral sobre el trabajador de prensa.

3-El poder de la audiencia

El periodismo en Paraguay tenía una sola dirección. El medio hablaba y el público escuchaba. La era digital demolió esa dualidad. Hoy, el lector, televidente y escucha paraguayos es un productor y, a la vez, procesador de información.

A través de las redes sociales, la audiencia cuestiona, corrige y, muchas veces, marca la agenda. Las denuncias ciudadanas que llegan por WhatsApp son hoy la semilla de las grandes investigaciones sobre corrupción o fallas en servicios públicos.

Este cambio democratizó la información, pero también dio pie a un fenómeno peligroso: las cámaras de eco. El algoritmo tiende a mostrarnos lo que queremos leer, y en un país con una polarización política latente, el periodismo tiene la misión de romper esas burbujas y presentar hechos, no solo opiniones que validen prejuicios.

4-El dilema del periodismo gratuito

Es el cambio más doloroso para las empresas de medios. Durante décadas, la publicidad en papel y los avisos clasificados financiaron el periodismo de calidad, de investigación y de rigor en Paraguay. Con la llegada de Google y Facebook, esa torta publicitaria cruzó la frontera digital y se fue del país.

Los medios impresos tradicionales paraguayos han tenido que experimentar con muros de pago (suscripciones digitales) para sobrevivir. El desafío es cultural: ¿está el paraguayo dispuesto a pagar por contenido digital cuando “todo está en redes”? Hasta ahora, todo indica que no.

Pero, contradictoriamente, esta situación permitió el surgimiento de pequeños medios independientes y nativos digitales que, con estructuras más pequeñas y costos reducidos, logran una agilidad que los gigantes no tienen. La supervivencia hoy depende de la relevancia. Solo aquel medio que ofrezca contenido que nadie más tiene podrá convencer al lector de que su trabajo vale lo que cuesta un café al mes.

Pese a estos cambios, profundos, sigue siendo el mismo periodismo de antes.

A pesar de los drones, los algoritmos y la inteligencia artificial, el periodismo en Paraguay sigue dependiendo de lo mismo que hace cincuenta años: la curiosidad, el compromiso ético y la capacidad de contar una buena historia.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Más vistos

Opinión