Guarani ñe’éme. Sus propulsores adelantan un proyecto de almacenamiento de múltiples voces, de distintas regiones, edades y formas coloquiales. De febrero hasta hoy, en el registro de vocablos y frases ya participaron más de 120 personas en encuentros presenciales y 900 en colaboraciones por teléfono.
AIkuaa se llama el proyecto sostenido por El Surti, periódico digital que también tiene una versión impresa cada mes, con apoyo del departamento de innovación de la Universidad London Socholl of Economic. Es un plan de entrenamiento de una Inteligencia Artificial que entienda el guaraní, en sus múltiples voces y facetas, incluyendo la hibridez (el jopara).
El idioma guaraní es principalmente oral. Aunque se lo haya ubicado como idioma oficial, en lo escrito, a nivel del habla popular, ha avanzado muy poco. Hay casos en los que, con el modelo de alfabetización, a la misma gente guaraní parlante le cuesta muchísimo la comprensión de lo escrito (principalmente en sus vocablos y oraciones más academicistas) y la propia escritura.
Para Alejandro Valdez, el coordinador del proyecto, en la oralidad el guaraní parlante se siente espontáneo. Entiende que en ese marco los menajes por audio o los videos han venido a cubrir una necesidad comunicacional contemporánea.
“ Lo coloquial es en guaraní y en yopará”, resume.
“Por esa misma característica hay pocos libros a disposición (de los procesadores)…”
Es así que, dentro del proyecto, desde febrero de este año se juntan en rondas llamadas mingas para registrar voces. La gente lee textos, frases.
Según Alejandro Valdez, esto de juntarse para leer en guaraní, en rondas, incluso poéticas, y otras formas, pues, también tiene un carácter político más allá de lo técnico. Juntarse para hablar y expresarse en un idioma “que no es colonial, como el inglés o el francés, también es un acto cívico, más ahora ante el avance del fascismo y el individualismo.
Valdez nos cuenta que el trabajo es arduo, porque, entre otras cuestiones, el banco de datos debe contar con voces de jóvenes, urbanos, campesinos, niños, adultos, adultos mayores, en todas sus formas posibles de comunicación en guaraní y jopara (mezcla). También de voces regionales “como el gua’i (Guairá) y el guaraní cerrado”.
Cuando comenzaron el proyecto, el guaraní tenía una validación (reconocimiento de voces por parte de la Inteligencia Artificial) de apenas un 5%. En la evaluación que hicieron en abril, habían avanzado hasta un 8%. Ahora se aprontan una nueva evaluación, de abril a agosto.
Para el almacenamiento utilizan una plataforma de Godzila, Firefox, de código abierto.

El trabajo de campo de los atyces (encuentros) se lleva a cabo con la coordinación de la comunicadora Laila Bareiro. Con ella se hicieron talleres con pytyvoháras (facilitadores comunitarios) y doce mingas, trabajo colectivo que caracteriza a comunidades guaraníes y otras. En Arroyito, Concepción; en Carapeguá, en la Residencia Universitaria de Estudiantes del Interior, de San Lorenzo, Atyra…
En total participaron hasta ahora en forma directa del registro de voces unas 150 personas. Y 900 lo hicieron a través de wasap. Parece bastante, y lo es, pero será necesario muchísimo más, pronostica Valdez, uno de los sostenedores del periódico digital y otros proyectos orientados a la tecnología de la información y la comunicación.
“Aprendimos que contribuir a un conjunto de datos de voz puede ser una tarea lenta, tediosa e incluso sentirse extractiva. Pero cuando transformamos esa tarea solitaria en un acto colectivo de participación, se vuelve un llamado poderoso a la acción cívica”, ha escrito en un artículo publicado en Journalist AI.
Hay gente que ya quiere usar la nueva herramienta, sostiene Valdez en la misma nota. Entonces, les dicen que hay que esperar un poco más.
AIkua es un juego de palabras. Aikua en sí, con la i en minúscula, significa conozco. Y así como lo señala en la foto de portada, se referencia como un Aty ombyatýva guarani ñe’e. Es decir, encuentro para juntar voces en guaraní. La foto (de Milena Coral) corresponde a los coordinadores, entre estos Alejandro Valdez, con los pytyvohára (apoyos comunitarios; literalmente quienes ayudan). En este caso, quienes organizan los encuentros.