Paraguay: un país que produce energía limpia, pero consume energía sucia

Es un caso atípico en el mundo: toda la energía que produce es limpia y renovable, pero sigue quemando derivados de petróleo. Durante los años 2020 y 2022, la oficina del Banco Mundial en Paraguay promovió el proyecto Paraguay Ahora, un proceso de diálogos y debates sobre diversos temas fundamentales para el crecimiento social y el desarrollo económico del país del que participaron decenas de jóvenes de alto nivel académico y científico.

Uno de los ejes de aquel debate fue la cuestión energética del país, plasmado en el documento denominado: Paraguay, del diálogo a la acción. Aunque fue difundido en su momento por los medios de comunicación, muchas de las importantes conclusiones de aquel proceso no fueron conocidas, entre ellas la que el documento denominó “Las paradojas energéticas del Paraguay”.

El documento señala lo que los expertos paraguayos y extranjeros en materia energética saben: el extraño caso de un país donde toda su producción de energía es limpia y renovable, como la energía sacada del agua (las hidroeléctricas Yacyretá, Acaray y, principalmente, Itaipú) y la extraída de la biomasa (madera, residuos agrícolas, forestal, excrementos y residuos animal, sustancias orgánicas del suelo), pero que, por muchos factores, su población sigue usando y consumiendo sin parar carbón mineral, gas natural y los combustibles derivados del petróleo.

La ingeniera Cecilia Llamosas, investigadora de la Facultad Politécnica de la UNA y PHD por la Universidad de Sussex, Reino Unido, explicó que en Paraguay “…el 70% de la energía producida es eléctrica y el 30% proviene de la biomasa…”. Sin embargo, agrega, la composición es diferente en el consumo: el 43% proviene de la biomasa, el 41% de derivados del petróleo y el 16% de la electricidad.

Es decir, el 59% de la energía utilizada es producida localmente, mientras que el 41% es importada.

Llamosas recordó que existen dos tipos de energía: la tradicional y la alternativa. “La primera está constituida por los llamados combustibles fósiles o hidrocarburos, de los que salen el gas natural, el carbón mineral y todos los combustibles derivados del petróleo. “Estas energías no son renovables”, aclaró. Las fuentes de energía alternativa -añade la investigadora-  son todas la que no son derivadas de combustibles fósiles. “Entre estas está la hidroenergía, es decir al electricidad que Paraguay produce en abundancia…”, destacó.

Enex es una de las nuevas emblemas de venta de combustibles. En el país existen más de 2.500 estaciones que distribuyen derivado de petróleo. Foto institucional.

Exportador de energía eléctrica e importador de combustible

El documento citado arriba subraya que Paraguay “es un país productor y exportador de energía eléctrica. Sin embargo, importa combustibles fósiles (no renovables) para su consumo”, lo que representa altos costos económicos y ambientales para el país, de acuerdo a muchos estudios e investigaciones públicos y privados ya realizados.

“Se importa energía cara y no renovable, mientras se exporta energía renovable. El costo de importación casi se equipara con el valor de los productos que exportamos como país”, indicó Llamosas.

Un país que no industrializa ni tiene infraestructura adecuada de electricidad

Otra contradicción energética paraguaya es que tenemos hidroeléctricas de importancia regional y mundial (Itaipú y Yacyretá), pero no usamos esta abundante energía producida para industrializar.

Peor aún: es un país donde los cortes de energía son frecuentes, porque el Estado –a través de la Ande- no invierte en infraestructura de transmisión eléctrica.

“De toda la energía eléctrica, el 40% es usado en los hogares y comercio (calefacción, confort térmico: uno de los mayores usuarios es la ducha eléctrica). Solo el 20% de la energía eléctrica se usa en la industria”, precisa la ingeniera en energía.

El documento del proyecto Paraguay Ahora señala que “el país cuenta con numerosas experiencias piloto de uso de energías alternativas a las extraídas del petróleo, el gas y el carbón, pero que no son aprovechadas, difundidas ni “escaladas por la política pública” del Estado paraguayo.  Y cita ejemplos de programas o proyectos que se frustraron o no se tuvieron en cuenta, como la energía solar producida por comunidades indígenas del Chaco, o los vehículos eléctricos que ensaya el Parque Tecnológico de Itaipú, gracias al Programa Vehículos Eléctricos, resultado de la alianza entre Itaipú Binacional y KWO Kraftwerke Oberhasli AG, una empresa hidroeléctrica de Suiza.

Históricamente, Paraguay tiene más de lo que necesita. Produce 8000 KW de energía al año mientras necesita, como máximo, solo 3000 KW.

“Pero este escenario de la abundancia de energía eléctrica no será para siempre. La raya de la demanda estará plana hasta el 2028. A partir del 2029, se disparará y entraremos en un déficit de energía”, advierte Cecilia Llamosas.

 

Foto ilustración de portada: Un colectivo escupe humo en un barrio de Ciudad del Este, Alto Paraná. Foto (2020) Gentileza.

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