Quiso ser ingeniero aeronáutico pero el Cordobazo lo desalentó. Vendió telas, como lo hacía su padre, por distintas ciudades. Arrancó en el área de iluminación con un taller metalúrgico, con dos empleados. Luego fundó Luminotecnia, que hoy da trabajo a unas 650 personas. Ahora sobrevuela los Andes con su monomotor y escribe un libro que se llamará Hacer es un placer.
Hijo de un vendedor de telas, a los 16 años Rubén Mujica quiso hacer de las suyas, como muchos jóvenes de esa época. Fue a Córdoba a terminar el colegio, con la idea de estudiar, luego, Ingeniería Aeronáutica. Pero el estallido social de 1969, El Cordobazo, ocurrido el 29 de mayo de 1969 en Córdoba, Argentina: una masiva insurrección obrero estudiantil contra la dictadura de Juan Carlos Onganía, le obligó al retorno.
A su regreso a Paraguay, acompañó al padre en sus recorridos con la tela por las ciudades. Y estudió Derecho.
Era una época en la que la industria textil en Paraguay estaba en auge. Tejidos Pilar, por ejemplo, contaba aún más de 1.000 trabajadores. Y Martel era un mundo de trabajo y comercio de grandes volúmenes. El algodón nuestro era muy apreciado y por ende la tela.
Ya casado y con hijos, él también se hizo de una furgoneta. Siguiendo los pasos del padre, recorrió los comercios de ramos generales (así se les denominaba por esa época). En esa travesía vivió las clausuras y la hospitalidad de los comerciantes de los pueblos de Paraguay.
“Muchas veces nos hospedaban en sus casas”, recuerda, durante la entrevista con El Prisma. El comerciante de los pueblos aprovechaba también para hablar de novedades en la capital. Así que era un mundo bastante más amable para la venta.
Ya en los ochenta, el país empezó a contar con más servicio eléctrico. Entonces, el boom domiciliario era el tubo fluorescente, que se traía, principalmente, de Brasil.
En esas necesidades del mercado, el dueño de una casa de ventas de productos eléctricos le sugirió a Rubén que haga los soportes metálicos. Las chapas y la pintura. Con un amigo suyo, Gustavo Volpe, pusieron un taller. Vendían sus productos a varias empresas, muchas de ellas extinguidas hoy, como Librería El Colegio, Compañía Comercial del Paraguay (CCP), Tomasito…
Ya en poco tiempo, se le prendió “el foco” y entendió que el rubro de iluminación era un mercado, aunque incipiente, con gran potencial. Y fundó Luminotecnia en 1981. Un mundo de artefactos de iluminación. La empresa vivió desde su fundación un crecimiento permanente, pero entiende Mujica que hubo un gran salto en el 2002, en coincidencia con la grave crisis de la convertibilidad en Argentina, de la paridad peso dólar.
Solo lo toma de referencia. No puede inferir que haya influido sobremanera en el mercado suyo, un “mercado pequeño de 5 por ciento”.
Hijo de padres del campo, habla muy fluido el guaraní. Nuestra lengua madre no solo le ha servido en sus travesías con la tela, también en el manejo de la empresa.
Para él, una empresa se sostiene mejor por el manejo interno que por el mercado.
“Me enfoqué en trabajadores felices, no por tener una vida fácil, sino porque se aprende y se hace las cosas”, esgrime en un momento de la entrevista.
Ese hacer es el núcleo de su experiencia y el núcleo de sus pensamientos, estos que hoy los difunde en charlas motivacionales con grupos de empresarios.
Ese núcleo de su experiencia y sus pensamientos lo aborda actualmente en un libro: El hacer es un placer.
Ya de unos años a esta parte ha ido soltando la dirección de la empresa. La ha dejado a cargo a los hijos, en una transición que sigue la línea de expansión histórica. Actualmente, la empresa cuenta con varias sucursales y con unos 650 empleados.
“Soy papá de los directores. La función de papá sigue vigente. Me he independizado administrativa y financieramente (de la empresa), ahora estoy trabajando el desapego emocional”, nos confiesa.
Cuando empezó a soltarle la mano a sus hijos dentro de la empresa, volvió a su antigua afición o interés. Estudió pilotaje. Sí, entre muchos jóvenes, a sus 61 años, aprendió a pilotar.
Ahora acaba de regresar de una travesía por la Cordillera de los Andes. Está fascinado con los cráteres volcánicos que observó desde su monomotor. Antes había sobrevolado Ushuai y partes de Estados Unidos.
Ya de regreso, también en su monomotor, de San Bernardino irá a Ciudad del Este, donde un grupo de empresarios lo espera para una charla motivacional.

La mano de obra paraguaya
“En Paraguay, es mucho mejor la calidad humana que la calidad técnica”, estima. Pero entiende que esta baja calidad técnica es un factor positivo. Porque, según Mujica, trabajar con gente joven, con mano de obra virgen, es una gran oportunidad de aprendizaje y de crecimiento.
“Es más difícil desaprender que aprender”, reflexiona.
Ya en el mundo de reflexiones, él apuesta al sentir bien. Más que del bienestar habla del bien ser.
“De ser humano con todas las letras, de disfrutar de la vida, de lo que se aprende y se hace”, sentencia.
Y refuerza su tesis, en base a la experiencia, de que el sostenimiento de una empresa tiene muchísimo más que ver con la gestión interna que del mercado.
Ahí le dejamos a Rubén Mujica con su monomotor, a punto de despegar a Ciudad del Este. Con sus charlas y sus aventuras aeronáuticas.
En esta etapa en que uno de sus desafíos mayores es despegarse emocionalmente de la empresa que fundó hace 44 años: Luminotecnia, cuya dirección recae hoy en uno de sus hijos: Juan José Mujica.
Algunas veces le siguen hablando de la empresa. Algunas veces. Él, a sus 72 años, quiere seguir volando.