Operativo “Fin de Año”: la ola masiva de fraudes y hackeos que pone en jaque a Paraguay

El fin de año en Paraguay siempre llega con prisas, cierres contables y la urgencia de liquidar compromisos antes de que el calendario se agote. Sin embargo, en medio de esa vorágine habitual, una amenaza silenciosa y cada vez más agresiva se ha instalado en la rutina diaria: la epidemia de ciberataques, clonación de números y secuestro de cuentas de WhatsApp.

 

No distingue profesiones ni edades. Desde trabajadores independientes hasta profesionales en tribunales o comunicadores audiovisuales, la sensación de vulnerabilidad es compartida. El Departamento de Delitos Informáticos de la Policía Nacional y el Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicación (MITIC) confirman que los últimos meses del año representan la temporada alta de los estafadores digitales, quienes aprovechan la prisa, el cansancio y el descuido de sus víctimas para arrebatarles la llave de su vida personal y laboral.

Tres relatos, la misma amenaza

En plena tarea de jardín en una casa del centro de Asunción, Julia Pineda recibió la notificación de que nadie quiere ver en pantalla: su número de WhatsApp había sido secuestrado por otro dispositivo. No eran en vano los mensajes que minutos antes le advertían sobre intentos externos de acceso.

Julia cuenta con WhatsApp Business, una de las presas favoritas de los ciberdelincuentes. La cuenta de una empresa o emprendimiento no solo guarda conversaciones; almacena catálogos, listas de clientes y relaciones de confianza que los delincuentes explotan inmediatamente para solicitar transferencias de dinero a nombre de la víctima. Reaccionando por puro reflejo, Julia logró ingresar a sus cuentas de correo y cambiar sus claves de seguridad a tiempo.

 

Las notificaciones ya son también como la alarma diaria

El abogado Gustavo Reinoso suele apagar el teléfono para dormir. El martes pasado se despabiló con un mensaje directo de la aplicación: desde otro dispositivo intentaban instalar y clonar su número.

-¿Quéee?”- exclamó.

Era su primera vez. Con pocos conocimientos sobre los recovecos técnicos de la plataforma, revisó los ajustes de su teléfono, y al no notar nada extraño a simple vista, intentó continuar con su rutina mañanera. Sin embargo, la inquietud persistió durante todo el día, como una alarma que sigue sonando en el segundo plano.

La táctica de operar de madrugada o cuando la víctima duerme no es casual: los atacantes buscan franjas horarias donde la persona no reacciona, permitiéndoles solicitar códigos de verificación por voz que van a parar directo al buzón de voz del teléfono, un canal sumamente vulnerable si mantiene la clave genérica provista por las telefónicas.

Mensajes como este, de la actriz María Liz Barrios, inundan Facebook e Instagram.

Cuando todo tu mundo “está en el celular”

Por su parte, a la comunicadora audiovisual Noe Armele la atemorizaron varios mensajes consecutivos de verificación. Por estas fechas anda a mil: todos buscan cerrar contratos, proyectos y entregas antes del 31 de diciembre. A las primeras notificaciones no pudo prestarles la debida atención, hasta que el sábado llegaron tres alertas consecutivas ( “tas, tas, tas” ). Intentaban clonar su número desde una tableta.

Al investigar lo que ocurría, Noelia descubrió que “medio mundo” estaba pasando por el mismo trance. Entendió de inmediato la magnitud del riesgo: en el celular lleva el 80% de su trabajo, operaciones bancarias y accesos a documentos confidenciales.

Una amiga cercana no corrió con la misma suerte: tras perder el control de su línea, vio cómo caían en cadena sus cuentas de Instagram y Facebook, justo cuando se encontraba en pleno rodaje de una película.

La anatomía del ataque y las recomendaciones de supervivencia

Según las alertas emitidas por los expertos de la Policía Nacional y el MITIC, estos ataques responden a un mecanismo bien pulido. Comienzan frecuentemente con una “lluvia de códigos”, ráfagas masivas de SMS diseñadas para aturdir a la víctima o hacer que presione una notificación por error en medio de las prisas del día.

Paralelamente, aprovechan la vulnerabilidad del buzón de voz. Solicitan el código mediante una llamada automática que, al no ser respondida, queda grabado en el contestador. Utilizando contraseñas predeterminadas como 1234o 0000, los atacantes ingresan al buzón a distancia, escuchan el código de verificación y toman el control total de la cuenta. A partir de allí, se desata un efecto dominó donde solicitan el restablecimiento de contraseñas de cuentas vinculadas, secuestrando la identidad digital de la persona en cuestión de minutos.

Ante estas situaciones, ¿qué es lo que podemos o debemos hacer?

Frente a este escenario, las autoridades insisten en que la prevención activa es la única barrera efectiva. La medida más urgente y vital consiste en activar la verificación en dos pasos dentro de WhatsApp, ingresando a la sección de Ajustes, luego a Cuenta y configurando un PIN privado de seis dígitos que la aplicación solicitará de forma periódica.

Asimismo, es imprescindible comunicarse con la compañía telefónica para solicitar la desactivación total del buzón de voz o, en su defecto, cambie la clave predeterminada por una contraseña personalizada y segura.

Ante cualquier pérdida repentina e inexplicable de señal móvil o recepción de mensajes sospechosos, se debe reportar inmediatamente el caso a la operadora para descartar la clonación del chip, recordando siempre la regla de oro: jamás compartir con terceros los códigos numéricos recibidos por mensaje de texto, sin importar quién o bajo qué argumento los solicita.

La rutina de fin de año continuará con su ritmo vertiginoso, pero la experiencia de quienes lograron reaccionar a tiempo deja una lección clara: en la era digital, resguardar el número de teléfono dejó de ser un detalle técnico para convertirse en un asunto de protección personal y profesional.

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