Por Jazmín Rodríguez
Elián Bracho Álvarez es un joven de 24 años neurodivergente nacido en Asunción, específicamente en una zona llamada Zanja Soró, en el barrio San Antonio. Este es considerado uno de los lugares más inseguros de la capital, donde muchas generaciones se fundieron con los estupefacientes, la delincuencia y el contrabando con el Bajo Chaco.
Bajoguá o Zanja Soró posee un relieve de barrancos característico de Itá Pytã Punta. En el pasado, este lugar funcionaba como una zona de traslado por agua entre Asunción, Nanawa y Beterete Cue. Actualmente se encuentra en desuso debido al elevado costo de las tarifas, la poca rentabilidad y la construcción de nuevos puentes que redujeron significativamente dicha actividad.
A pesar de su corta edad, Elián es técnico superior en Administración de Empresas (2026), jardinero medioambiental egresado de la Escuela Taller de Asunción (2024), instructor en Educación y Formación Técnica y Profesional (EFTP), técnico civil de la Escuela Vocacional y estudiante de Antropología Cultural en el Ateneo de Lengua y Cultura Guaraní desde el año 2025.
Además, es considerado el primer educador no formal paraguayo en su especialidad. No obstante, él destaca su cosmovisión ribereña y su conexión con la naturaleza, autodeclarándose miembro de una comunidad tradicional ribereña en un país donde el Convenio 169 de la OIT suele aplicarse de manera específica a los pueblos indígenas.
Elián fue identificado como una persona neurodivergente antes de llegar a la vida adulta; de hecho, recibió adecuación curricular durante la secundaria. En 2024 fue diagnosticado con el trastorno antisocial de la personalidad (TAP), contando con antecedentes de un trastorno disocial que evolucionó hacia este cuadro. Este trastorno de la personalidad se caracteriza por la indiferencia, el egoísmo, la falta de remordimientos y las barreras para consolidar vínculos sociales tradicionales.
A pesar de las dificultades, tanto en la escuela como en el bachillerato se destacó como mejor egresado y abanderado en varias ocasiones. Durante la pandemia de COVID-19 en 2020, escribió varios libros sobre su comunidad en Bajoguá. Al año siguiente, en 2021, ganó el tercer puesto en el concurso internacional de derechos humanos “Comic Con”, organizado por la Fundación ecuatoriana Crea Tu Espacio, junto a Mauro Mieres.
En el año 2023 se coronó campeón nacional del concurso Acesip con el cortometraje Zancudo. En 2024 obtuvo las becas “Promotores Ambientales” de la Fundación Moisés Bertoni y “Déjà Vu”, siendo elegido para una estancia en la Reserva Déjà Vu en Natalio.
Durante el año 2025 cosechó varios éxitos, entre ellos el prestigioso premio “Profes que Dejan Huella”, convirtiéndose en el único educador no formal paraguayo en recibirlo, un hito inédito para un galardón que históricamente correspondía a docentes del Ministerio de Educación y Ciencias (MEC). Ese mismo año representó al país en la Red Internacional de Jóvenes (RIJ) Ana Frank en Buenos Aires.
Recientemente, en este 2026, Elián se hizo muy reconocido por diseñar una contracartografía para visibilizar a Beterete Cué (Departamento de Presidente Hayes), una de las comunidades más vulnerables de Paraguay ante las inundaciones.
Asimismo, fue beneficiario de la beca YouthLACIGF en Fortaleza (Brasil) y obtuvo el primer puesto en la categoría “Flora” del concurso de fotografía DIB 2026, organizado por la Red Global de Jóvenes por la Biodiversidad (GYBN PY).
Elián Bracho no solo destaca por su trayectoria personal, sino también por impulsar el crecimiento de los demás. Este año postuló a 16 personas a un concurso; inicialmente lo hizo a modo de broma, pero el proceso lo llevó a una profunda reflexión sobre la realidad social paraguaya: “Cuando uno quiere mejorar o le va bien, todos lo dejan solo o le dan la espalda. Y esto no solo viene de amigos o conocidos, sino también de parejas, familiares y círculos cercanos”, expresó.
Vivir bajo esta premisa no ha sido sencillo para él. Sufrió discriminación en una iglesia menonita de Sajonia, donde se negaron a bautizarlo al considerar que no encajaba en el grupo, ya que solían malinterpretar su franqueza y su forma directa de expresarse como un trato despectivo o un maltrato.
Su historia no es solo una narrativa de exclusión: con esfuerzo logró transformar la discriminación y los prejuicios en una bandera de lucha.
Esta experiencia fue el motor que lo impulsó a defender los derechos humanos. Actualmente trabaja activamente en Beterete Cué y en el Centro Cultural Melodía, donde enseña el oficio de la jardinería a más de 20 adultas mayores, recorriendo para ello unos 72 kilómetros semanales.
Elián Bracho es el reflejo de muchos jóvenes paraguayos que buscan sobresalir en un entorno con poco apoyo y propicio a la exclusión, pero que eligen defender sus ideales y trazar su propio camino.
“Si le pudiera decir algo a mi versión de niño, sería que jamás permita que un problema o una persona frene su objetivo de vida”, afirma convencido.