En el diseño original de la hidroeléctrica está contemplado el alza del embalse por crecidas, aunque esta temporada promete aumentar poderosamente el caudal y el derrame de las aguas, atravesadas por los ríos Yguazú, Acaray y, finalmente, el caudaloso Paraná.
En sus crecidas, en las zonas consideradas bajas e inundables, habita muchísima gente “que no debería estar ahí”, sostiene el ingeniero Pedro Domaniczky, director de Energías Renovables de la margen paraguaya. Sin embargo, recalca que “nada de esto” afecta el buen andar de los paneles solares flotantes que se han colocado allí como una prueba piloto para su posterior exposición como política pública del Estado paraguayo.
—Ahora entramos en la parte de almacenamiento —nos cuenta Domaniczky en entrevista con El Prisma. Para esto necesitan las baterías, que rondan, como precio de referencia, unos 750.000 dólares.
El embalse de Itaipú, en su lado paraguayo, ocupa un territorio calculado en 137.000 hectáreas. El proyecto piloto ocupa una hectárea, con una generación de 1 MW o 1.800 MWh/año. Por el consumo promedio de las casas familiares en nuestro país, podría cubrir las necesidades de unas 600 viviendas; es decir, un barrio chico.
Más que por el consumo familiar, el Gobierno paraguayo está buscando afanosamente agrandar la generación eléctrica debido a los compromisos que ha contraído con empresas electrointensivas, centros de datos de Inteligencia Artificial incluidos. El Ejecutivo ha estado ofreciendo “energía barata y abundante” —así rezaba el spot oficial del gobierno de Santiago Peña— sobre la base del excedente energético, sobre todo de Itaipú.
Este es el excedente que, por el tratado, se le cede a un costo marginal a Brasil, pero que en los últimos tiempos ha mermado significativamente al pasar el país de consumir entre el 10% y 12% a más del 30% de toda la energía que le corresponde de la entidad. Se calcula que actualmente, dentro de esta binacional con capacidad instalada de 14.000 MW, hay todavía un excedente paraguayo de aproximadamente 2.000 MW.
Pero con el crecimiento actual del consumo en el comercio, las industrias electrointensivas (criptominería, por ahora) y el sector doméstico, para el año 2030 este excedente se esfumará.
Tendremos, salvo que aparezcan nuevas fuentes, que importar la energía de otros países, tal vez del mismo Brasil o de la Argentina. Con este último país se comparte Yacyretá, pero bajo acuerdos muy efímeros y un “desorden administrativo” gigante, al decir del exdirector de la ANDE, Pedro Ferreira.
El próximo 31 de diciembre termina el preacuerdo establecido el 7 de mayo de 2024; el llamado “acuerdo puente” previo a la renegociación final del Anexo C. En relación con el excedente, ese pacto establece la venta directa al mercado eléctrico brasileño, pero el propio jefe de distribución de la ANDE, Francisco Escudero, nos ha confesado que por ahí no se ha avanzado mucho. “Es muy complejo”, nos ha contado reorganizar el sistema de distribución para venta directa.
A varias cosas, pero en especial quiere reatar los lazos con Brasil mediante el financiamiento de lo que proyectan como la planta fotovoltaica más grande de toda América, aprovechando el espejo de agua.
Sin embargo, todo está parado y Paraguay va hacia un punto ciego.
En enero, al Gobierno se le terminan los 650 millones de dólares anuales que negociaron temporalmente al alzar la tarifa a 19,28 USD/kW-mes. Según el espíritu original, tras vencer el plazo, la tarifa debe corresponder única y exclusivamente al costo operativo, algo cercano a los 10 USD/kW-mes.
A todos nos convendría —a las industrias, a los comercios, a la propia ANDE—, pero no al plan oficial. El Gobierno quiere seguir atando compromisos políticos con Brasil. Entre estos, como ya lo ha repetido el director general paraguayo, Justo Zacarías Irún, se encuentra el plan de construir “otra Itaipú”, pero de paneles solares.
En Brasil habrá elecciones de segunda vuelta este domingo 25 de octubre. Con una victoria del oficialismo de Lula da Silva se supone que la mesa de negociadores atenderá las cuestiones institucionales ya establecidas. Con la oposición, representada por el esquema de Flávio Bolsonaro, todo es un misterio.
Aun así, expertos en energía como Victorio Oxilia o el propio Pedro Ferreira sostienen que Brasil, en este y otros temas estratégicos, no se guía por la agenda ideológica de los gobiernos de turno, sino por las políticas de Estado a largo plazo dictadas por el palacio de Itamaraty.
Mientras tanto, la propuesta estrella de Paraguay sigue flotando en el agua, esperando ver si la renegociación del Anexo C del Tratado la hunde o la eleva.