El aumento masivo de la demanda, la falta de infraestructura de distribución y los altísimos picos de calor obligan a la estatal a recurrir a interrupciones programadas y de emergencia, para evitar un colapso generalizado del sistema eléctrico nacional.
Con la llegada del verano y los termómetros superando los 45 grados centígrados, los despreciables apagones regresan con fuerza a los hogares y las industrias del país.
Para la Administración Nacional de Electricidad (ANDE), la temporada de verano (sobre todo entre los meses noviembre, diciembre, enero y febrero) representa el mayor desafío operativo del año.
Aunque se produzca, hasta ahora, suficiente energía gracias, principalmente, a Itaipú y Yacyretá, el problema central radica, según las reiteradas señalaciones de los expertos, en cómo se bajan esas altas tensiones de energía y se distribuye la electricidad hasta las viviendas, distribución llena de problemas técnicos.
En este sentido, la principal razón de los cortes es la sobrecarga del sistema por el uso masivo de acondicionadores de aire. Durante los días de calor extremo, la demanda alcanza picos históricos, especialmente en las siestas y noches.
Este consumo masivo satura las líneas de transmisión y hace que los transformadores barriales trabajen al límite de su capacidad, llegando muchas veces a explotar o quemarse.
Son los cortes de emergencia. A estos se suman las severas tormentas veraniegas, cuyas fuertes ráfagas de viento derriban árboles y sueltan cables, sacando de servicio líneas enteras de forma imprevista.
Detrás de estas lineas saturadas está la imposibilidad de la ANDE de invertir en la mejora de la infraestructura de trasmisión o de construir otras nuevas, ya que no alcanza el presupusto de gastos anual de la institución.
Por otro lado, la ANDE también realiza cortes programados. Estas son interrupciones intencionales y controladas que se ejecutan para realizar mantenimientos preventivos. Aprovechando las ventanas de tiempo donde el consumo es menor, las cuadrillas cambian cables viejos por redes protegidas e instalan nuevos transformadores para reforzar los puntos más débiles antes de que sufran daños mayores.
¿Cómo se eligen las zonas de cortes?
La selección de las áreas que sufren las interrupciones no es al azar. Responde a criterios técnicos de prioridad y vulnerabilidad.
Para los cortes programados, la ANDE utiliza mapas de carga y bases de datos históricas que identifican qué barrios o ciudades tienen la infraestructura más obsoleta o con mayor riesgo de colapso.
Se prioriza intervenir las zonas residenciales y comerciales densamente pobladas del departamento Central y Asunción, donde el consumo se dispara de manera exponencial. El calendario de estos trabajos se define buscando el menor impacto posible en la actividad económica.
Sin embargo, cuando la demanda supera la capacidad de respuesta y el sistema entra en una fase crítica de emergencia, entran en juego los sistemas de protección automática. En estos escenarios, la ANDE se ve obligada a realizar un “alivio de carga” para salvar los componentes principales de las subestaciones. La prioridad número uno de la estatal es blindar los servicios esenciales. Por esta razón, los circuitos que alimentan a hospitales, plantas de tratamiento de agua (como las de la ESSAP) e instituciones de seguridad pública son los últimos en ser desconectados.
En consecuencia, los cortes por emergencia o alivio de carga se aplican de manera rotativa en alimentadores de zonas puramente residenciales o rurales. Al rotar las interrupciones entre diferentes barrios periféricos, la institución distribuye el impacto de la crisis, evitando que una sola comunidad permanezca a oscuras durante periodos prolongados mientras el sistema recupera su equilibrio térmico y operativo.