Muy contento con los 650 millones de dólares anuales en Gastos Socioambientales, el gobierno de Santiago Peña había jugado a dilatar lo más que pudo la renegociacion del Anexo C de Itaipú. Ahora que está a punto de agotarse el “gasto discrecional”, el apuro de caja en Paraguay encuentra a un Brasil electoral. Todos los números se calculan en votos.
Ha recaído la renegociacion en un silencio profundo. En Brasil el gobierno de Inacio Lula Da Silva ya entró en el tramo más algido de la campaña electoral. Y en dicha campaña del tema Itaipú no se habla. “Y conviene que no se hable mucho”, nos confía una fuente de Cancillería.
La última repercusión importante fue aquella interpelacion del Congreso a directivos brasileños sobre la negociación que establecieron en abril del 2024. En aquella negociación, se alzó la tarifa a 19,28 KW-mes para introducir, por pedido del gobierno paraguayo, 650 millones de dólares más anualmente en Gastos Socioambientales. En ambas márgenes. Con ese aumento estos gastos pasaron a USD 700 millones.
Los propios negociadores brasileros eran conscientes de que esa maniobra en nada correspondía con algún dato técnico. De nuevo la tarifa eléctrica, como lo había asumido el expresidente de la ANDE, Félix Sosa, era “política”.
Con su “conquista histórica” (así lo anunció el propio Santiago Peña), el gobierno tomó el camino de la dilación, algo que ya pronosticaba el también extitular de la ANDE Pedro Ferreira.
En ese camino, a las noticias sobre el espionaje sobre las autoridades anteriores del gobierno de Mario Abdo Benítez por parte del gobierno de Jair Bolsonaro, mostrando posturas de indignación, el gobierno de Peña anunció el congelamiento de las negociaciones del Anexo C, el anexo que establece la tarifa y define la cesión de la energía excedente, los dos temas centrales del Tratado.
“Uno de los elementos que me llevan a advertir que el actual gobierno de Peña puede congelar sin fecha la renegociación del Anexo C del Tratado de Itaipú es que, si esto culmina, a partir del 31 de diciembre del 2026 ya no contará discrecionalmente con el montón de dinero del que hace años dispone en concepto de “gastos sociales”, arriesgaba Ferreira.
Los acuerdos de abril del 2024 terminan el 31 de diciembre de este año.
Según el acta, desde el 1 de enero del 2027 la tarifa debe corresponder “exclusivamente” al costo operativo, alrededor de USD 10 KW-mes
Ahora el gobierno paraguayo va contrarreloj. Del relajo inicial y la dilación en apariencia programada, se encuentra con los números de las cajas muy ajustadas.
Con esos fondos, que no han pasado por el Presupuesto Nacional de Gastos, se han proyectado y realizado compra de pupitres, patrulleras, refacción de colegios, asfalros en los distritos de Alto Paraná y los denominados hospitales generales.
Las negociaciones del Anexo C debieron cerrarse el 31 de diciembre de 2024, pero estas se retrasaron por “uno o dos meses”, había dicho el presidente Santiago Peña. A este día, 2 de setiembre de 2026, esos dos meses se van convirtiendo en dos años.
Pero antes de descubrirse el espionaje cibernético, Santiago Peña había dicho que la negociación estaba estancada porque los negociadores brasileros y el propio Lula Da Silva tenían menores conocimientos técnicos que él y los paraguayos.
No reparó entonces que Lula ya había negociado Itaipú con el gobierno paraguayo cuando en el 2009 se consagró el aumento en el precio de la energía cedida a Brasil. Entonces se había pasado de un ingreso por cesión de USD 120 millones a 360. También el finaciamiento de la línea de alta tansion, el cual permitió que Paraguay acceda a un consumo mayor de lo que en la binacional le toca.
Luego de ese largo retraso, en marzo, los cancilleres Rubén Ramírez y Mauro Vieira destacaron que había un avance en las negociaciones relacionadas con Itaipú, tanto con la tarifa como con la decisión inmediata de iniciar las negociaciones sobre el Anexo C. El propio Vieira dijo ser optimista y que en poco tiempo estarían en condiciones de concluir esta negociación y pasar a la revisión del Anexo C después de 50 años del tratado.
Pero todo esto en el marco de una tensión diplomática cada vez más evidente. En tanto Brasil sostiene la política de construir peso económico y geopolítico a través de los Brics (Brasil, China, Rusia, India, Sudáfrica y ahora varios aliados más), el gobierno paraguayo se ha sumado al Escudo de las Américas, promovido por el gobierno norteamericano en la reedición de la Doctrina Monroe.
En esta disputa, además de las amenazas arancelarias, Estados Unidos le ha llegado a declarar a Brasil “amenaza para su seguridad nacional”.
El preacuerdo de abril también contempla la venta libre de energía paraguaya al mercado brasilero.
Hoy, el excedente que se le cede a Brasil a un precio de costo minimo es cada vez menor, aunque en volumen muy importante: Cerca de 2000 MW de los 7000 que le toca.
Ya hemos dicho por acá que Paraguay quiere atar la negociación al financiamiento de nuevas obras, entre ellas, una planta solar flotante en el embalse (lago) de la margen derecha, Paraguay. Una Itaipú de paneles solares, como lo ha descrito el director de Energías Renovables, Pedro Domaniczky.
En Paraguay, desde la propia ANDE se asume que es muy difícil la venta a Brasil.
No sé está preparando las redes para la venta. Entonces, en síntesis, la apuesta paraguaya es cambiar cesión por nuevas compensaciones.
En Brasil la presión que hay es cerrar la caja de Itaipú por lado del costo operativo. Terminada la deuda en el 2023, el propio Anexo C establece que el costo debe corresponder solo al costo operativo.
Brasil quiere eso y quiere, también, seguir utilizando la energía paraguaya, pero su urgencia no es tanta ahora que ya tiene varias fuentes alternativas.
En fin, la primera vuelta en Brasil será en octubre, la segunda en noviembre. Todas las encuestas señalan que las elecciones se definirán en la segunda.
Así ya llegaremos a diciembre, el mes de cierre del preacuerdo. Y por lo tanto a enero del 2027 donde, según el acta de abril del 2024 la tarifa debe corresponder “exclusivamente al costo operativo” y Paraguay puede vender su energía al mercado brasilero.
Ambas cosas no le atraen mucho a los gobernantes de Paraguay.