El capitán de la selección paraguaya en el Mundial de 1986 reclama “que la razón retorne al fútbol”. Sostiene que no se debe apagar la alegría más grande del fútbol, el gol, por un roce de pelo, un botín que sobresale en el trazado de línea o una jugada de roce, muy en la previa de la jugada de gol.
Rogelio Delgado dirige un colegio con énfasis en Deportes, en Mariano Roque Alonso. Por buen tiempo fue presidente de la asociación de futbolistas. Organizando la defensa paraguaya en el Mundial del 86, fue una de nuestras grandes figuras, junto con Romerito, Cabañas, Adolfino Cañete… En aquel Mundial, empatamos con México 1-1 y con Bélgica 2-2, y le ganamos a Irak 1-0.
En octavos, la selección caía, irremediablemente, frente a esa Inglaterra de Lineker y grandes jugadores. Esa Inglaterra que sufrió la mano de Maradona y la jugada de gol hasta ahora más impresionante que se haya visto. También de Maradona.
De la pelota de cuero al panóptico digital
En ese tiempo, buena parte de la pelota era todavía de cuero. Hoy, el cuero es intrascendente en la composición. Hoy es una pelota con software que envía información al VAR. Y el árbitro lleva un reloj pulsera que oficia de transmisor. Aquel que. durante el partido contra Alemania, luego de meter ese balón para la cabeza de Julio Enciso contra Alemania, Galarza Fonda se puso un rato.
Forman parte de un sistema integrado de vigilancia.
En fin, el panóptico ideal, diría Michel Foucault, desde donde “todo se ve”.
Un Mundial “completamente controlado” debería generar muchísimas más certezas que dudas, pero, he aquí, a criterio del capitán de la selección paraguaya en el Mundial de 1986, esas dudas siguen y se agrandan.
Paraguay volvió y sufrió la tecnología
El fútbol siempre ha sido un centro de controversias con las decisiones arbitrales. Humana pasión la de sentirse víctima de alguna injusticia o de cargar sobre el otro equipo el peso del “robo arbitral”.
En este Mundial, Paraguay volvió a la máxima cita y llegó hasta octavos de final, donde fue eliminado por Alemania. Pero en el camino se destacó por dos cuestiones completamente opuestas. Primero, contra Turquía marcó uno de los goles más tempraneros del torneo. Segundo, en el mismo partido, sufrió en carne propia la nueva regla: taparse la boca para hablarle a un rival ya puede ser objeto de expulsión. El peso le cayó a Miguel Almirón en fase de grupos. El turco se quejó, el árbitro fue al VAR, y Almirón vio la roja. Una regla que a Paraguay le costó caro. Ya en etapas finales, es probable que la Albirroja se quede con ese récord, como aquel gol de oro que nos metió Francia en 1998. El único equipo eliminado por esa norma que solo se utilizó en dicho mundial.
Las mismas dudas, con más cámaras
También en el inicio de la fase de grupos, aquella plancha de Messi en el talón de un jugador de Argelia no produjo ninguna decisión arbitral. El árbitro pudo no haberlo visto, pero la gente del VAR no lo llamó para revisar si merecía la roja.
Un gol anulado a Croacia de puro pelo. En un gol de Croacia contra Portugal (en el partido en el que el equipo de Luka Modric quedó eliminado=, se declara que la pelota sufrió un roce en el flequillo del delantero Igor Matanović. El chip del balón “Trionda” lo detectó. El árbitro principal Roberto Martínez lo defendió: “No es opinión subjetiva. Es offside”.
El mejor gol de Egipto contra Argentina, que resulta de un robo de pelota en su área, fue anulado por la fricción que se produjo en la jugada inicial.
Y así, muchísimas jugadas dejaron intactas “las dudas de siempre”.
El Mundial del offisde
Entre tantas peculiaridades, este Mundial ya es el de mayor anulación de goles por posición adelantada de los jugadores.
El brazo, el hombro, la mano, los dedos, las ondas del viento en el flequillo y en la camiseta, imperceptibles a los ojos humanos, son causales de anulación de gol.
Solo en la fase de grupos, las intervenciones del VAR ya habían eclipsado las 20 de Rusia 2018 y las menos de 30 de Qatar 2022. El fuera de juego semiautomático 2.0, con avatares 3D de cada jugador y un balón que registra 500 datos por segundo, manda alerta automática si el atacante está a más de 10 centímetros.
En el campo del offside, Rogelio reclama que por favor volvamos a un lugar de equilibrio, de cierta razón. No te pueden invalidar el gol, el más grande júbilo del fútbol, por una oreja o los dedos del pie. Por favor, todo el cuerpo debería estar en posición adelantada.
¿Tecnología o política?
Y para cerrar este cuadro de composiciones arbitrarias o arbitrales, aparecen decisiones que alimentan la creencia de que, finalmente, las decisiones importantes “son políticas” y no tecnológicas.
Si bien hay muchísimos detalles en este sentido, como la misma decisión del gobierno de Estados Unidos de negarle la visa al mejor árbitro de África, esta creencia se fortaleció sobremanera con la decisión de la FIFA, a pedido de Donald Trump, de suspender la tarjeta roja al jugador norteamericano Folarin Balogun. No debía jugar el partido contra Bélgica. Jugó y su equipo perdió 4-1, el mismo resultado con el que los norteamericanos habían ganado a Paraguay en partido inaugural.
La razón debe retornar al fútbol, se repite Rogelio.