Buena inversión al principio, poco empleo después. Uso de la energía de una turbina y media de Itaipú y un acuerdo que no garantiza transferencia tecnológica. ¿Será realmente binacional?
Hace menos de un mes, en ocasión de su visita oficial a la isla autogobernada de Taiwán, el presidente Santiago Peña suscribió con su par taiwanés, William Lai —cuyo nombre verdadero es Lai Ching-Te—, un memorándum de entendimiento por el cual ambas partes, Paraguay y Taiwán, “contemplan establecer, mediante la participación equitativa (50/50) de capital de sus respectivas agencias ejecutoras designadas, una entidad binacional autónoma, Yguazú Digital (YD), con los mismos derechos y obligaciones”.
Esta entidad binacional que ambos gobiernos pretenden constituir sería la encargada del desarrollo y operación del megacentro de datos para IA que el proyecto tiene por objetivo erigir en el Paraguay.
La idea es crear un gigantesco data center para IA que, de concluir exitosamente el proyecto, tendría una capacidad de 1 GW (1.000 MW). La entidad binacional vendería servicios de infraestructura de IA, como centro de almacenamiento y procesamiento de datos a nivel internacional, a las diversas empresas de inteligencia artificial. Taiwán aporta su capacidad tecnológica, sus conocimientos técnicos y su experiencia en el campo de los microchips y semiconductores.
El Paraguay proporciona su riqueza energética —electricidad hidroeléctrica a precios muy competitivos—, la abundancia hídrica y su ubicación estratégica en el Cono Sur.
Nuestro gobierno, en vista de las proyecciones de requerimientos energéticos necesarios para sostener la revolución tecnológica que implica el uso global de las herramientas de inteligencia artificial, ofrece la energía proveniente de Itaipú y Yacyretá. En ese particular, se estima que un megacentro de cómputo como el proyectado consumirá electricidad equivalente a la de una turbina y media de la central hidroeléctrica de Itaipú.
Una figura novedosa introducida por el memorándum de entendimiento firmado con los taiwaneses es la de “embajada de datos digitales”, por la que el Paraguay otorgaría a las instalaciones, servidores y datos almacenados un régimen de inmunidades y privilegios diplomáticos similares a los de una representación extranjera, con el fin de garantizar la seguridad de la inversión radicada en nuestro suelo.
Por lo menos a primera vista, este aspecto del acuerdo parece contradictorio con el fin último del proyecto: crear una IA soberana. A resultas de esta concesión diplomática, las autoridades paraguayas no podrían controlar el hardware que se instale en el megadata center, que estaría protegido por el régimen diplomático.
Primeramente, se realizará un estudio de factibilidad; luego, si el informe concluye que el proyecto es factible, se suscribirá un acuerdo bilateral de inversión para ejecutar el proyecto.
Este acuerdo, que debe adoptar las formas y requisitos de un tratado bilateral entre ambos países, establecerá el marco legal de la entidad binacional, su estructura interna y su gobernanza. Seguidamente, con participación de la inversión privada, se procederá a la construcción de las obras e infraestructuras.
Hasta aquí, las características principales del proyecto binacional Yguazú Digital, de nuestro país con Taiwán. En este punto corresponde efectuar un análisis del proyecto, en particular de sus posibles consecuencias.
Las necesidades energéticas del emprendimiento son de tal volumen que observadores críticos como el expresidente de la ANDE, Pedro Ferreira, o el secretario de la Sociedad Paraguaya de Inteligencia Artificial, Luis Benítez Aguilar, advierten que nuestro país podría empeñar su mayor riqueza, la energía hidroeléctrica de Itaipú, con este acuerdo con Taiwán, que, sumado al lento avance en la diversificación de las fuentes de generación eléctrica, podría generar un importante aumento en el costo de la energía eléctrica para el consumidor paraguayo a partir de la próxima década.
Asimismo, el requerimiento de mano de obra no se extendería más allá de las obras civiles: una vez terminadas estas, según Benítez Aguilar, “no habrá probablemente más de 20 empleados en el emprendimiento. No va a tener impacto en la generación de empleos” (ABC Color, 31/05/2026).
Tampoco existen en el documento referencias específicas a una transferencia de tecnología de Taiwán al Paraguay. La isla asiática es sede de las principales plantas de fabricación de chips avanzados y semiconductores, así como de los colosos empresariales del sector, como la taiwanesa TSMC y la estadounidense NVIDIA. Sin embargo, nada se dice en el acuerdo de intenciones sobre la radicación de estas firmas en nuestro país o sobre que se comparta ese desarrollo tecnológico con el Paraguay; por el contrario, todo estaría protegido por el régimen diplomático. Nuestro país se limitaría, una vez más, a proveer a bajo precio los recursos necesarios para el proyecto.
Pese a la pretenciosa afirmación de la creación de una IA soberana, esgrimida por el gobierno nacional, de la información hasta ahora disponible sobre Yguazú Digital, la iniciativa, lejos de representar un avance tecnológico, corre el albur de significar para el Paraguay solo un eventual aumento de rentas por la venta de energía y de los servicios de procesamiento de datos a las transnacionales de IA, pero la capacidad tecnológica estará en manos foráneas.
Las autoridades gubernamentales últimamente se complacen en afirmar que Yguazú Digital puede tener un impacto en la economía nacional mayor que el que tuvieron en su momento la construcción de las obras civiles de Itaipú y Yacyretá.
Involuntariamente pueden estar en lo cierto con esta comparación: las obras civiles de las grandes hidroeléctricas significaron una inédita demanda de mano de obra que impulsó un crecimiento económico sin precedentes para el país, pero, una vez que estas concluyeron, el boom económico terminó por falta de planificación a largo plazo. Esperemos no estar nuevamente en la misma senda.